Martín García Garzón, presidente y fundador del Grupo Montesano, protagonizó la última sesión del ciclo Retratos de Liderazgo, organizado por la Asociación Española de Directivos (AED). A lo largo del encuentro el empresario compartió las claves de una trayectoria empresarial forjada a base de esfuerzo, visión estratégica y una profunda comprensión del entorno económico. La sesión estuvo moderada por Mónica López, vicepresidenta del Grupo Fedola y miembro del Consejo de AED en Canarias.
Fundador del Grupo Montesano en 1965, García Garzón tomó la decisión de trasladarse a Canarias para iniciar un proyecto industrial desde cero, en una región sin tradición cárnica ni infraestructura logística. “Aposté por formar a la gente local, diseñar desde cero una planta de producción y adaptarnos a un mercado con enormes retos logísticos y sanitarios”, explicó.
A lo largo de las décadas, el grupo creció hasta convertirse en una referencia del sector agroalimentario canario, con presencia internacional en más de 40 países. En 1978, consolidó su control sobre la empresa al adquirir la participación de sus socios y liderar una renovación industrial que marcó un punto de inflexión en la competitividad del grupo. En 2012 culminó un proceso ordenado de relevo generacional, cediendo la propiedad a sus tres hijos y formalizando un protocolo familiar que asegura la continuidad y profesionalización del proyecto.
Durante su intervención, el presidente del grupo abordó los desafíos actuales del sector: la presión de grandes cadenas de distribución, la globalización logística que ha erosionado las barreras naturales del mercado insular, y las dificultades normativas que limitan la competitividad de la industria canaria. Ante este escenario, defendió la reciente integración de Montesano en un gran grupo nacional como vía para reforzar la posición de la empresa frente a competidores con estructuras verticalizadas y gran capacidad de negociación.
El empresario insistió en que el liderazgo debe entenderse como un ejercicio de adaptación continua, escucha activa y responsabilidad compartida. «Lo que más me enorgullece no es solo haber construido una empresa, sino haber contribuido al desarrollo económico de una región, creando empleo y oportunidades reales para muchas familias», concluyó.
Sus palabras finales fueron una lección de vida para las nuevas generaciones de directivos: “Confíen en su idea, entréguense por completo a ella, y no teman equivocarse. La dureza enseña más que el éxito fácil”.
















































