Tomás Villén, CEO de Porsche Ibérica, defendió en un reciente Diálogo AED una transformación centrada en el cliente y en la innovación, sin perder el ADN de la marca. “Nuestra responsabilidad es que Porsche siga siendo Porsche, ya sea en combustión, híbrido, eléctrico o, mañana, autónomo”, dijo. Su enfoque: avanzar en electrificación, recortar burocracia y combinar deportividad, exclusividad y rentabilidad en cualquier escenario tecnológico.
Según explicó, este rumbo se forjó tras la crisis de 2009 con una reorganización comercial y de marketing, eligiendo mejor a los concesionarios y fomentando una cultura de exigencia orientada a resultados. El propio Villén resumió el impacto: mientras el mercado creció alrededor de un 14% en 15 años, Porsche Ibérica multiplicó su volumen varias veces —de unos 900 a más de 5.000 coches—, consolidando un negocio más sólido y rentable.
En electrificación, Villén aseguró que Iberia va por delante del mercado. Señaló que, tomando España y Portugal, siete de cada diez Porsche nuevos ya incorporan algún grado de electrificación y que en España esperan terminar el año con cerca de dos tercios del mix entre híbridos enchufables y eléctricos puros. Para llegar ahí, dijo, han impulsado la infraestructura de carga en la red oficial —con cargadores ultrarrápidos disponibles desde hace años—, han contribuido a la expansión de puntos públicos y han trabajado con clientes muy exigentes para no ceder en diseño, prestaciones, valor de reventa y facilidad de uso.
La ofensiva de producto refuerza esa idea, añadió. Están llegando el Cayenne eléctrico —con prestaciones de superdeportivo y cerca de 150 prerreservas—, el Macan eléctrico y el 718 eléctrico, manteniendo a la vez versiones de combustión e híbridas donde tenga sentido. Villén subrayó que el uso inteligente de los datos ya ayuda a entender mejor lo que piden los clientes y a convertir interés en ventas.
Sobre el entorno regulatorio, Villén apuntó que exige precisión y rapidez: desde 2025, superar ciertos límites medios de CO₂ conlleva multas por cada gramo y coche, y el horizonte de 2035 orienta la inversión hacia el eléctrico y acorta los ciclos de desarrollo. En paralelo, dijo, Porsche investiga los e-fuels —con pruebas en España— para descarbonizar el parque actual, y la red de carga rápida ya permite viajes largos con pocas paradas.
No ocultó las dificultades del contexto global. Según Villén, la caída del lujo eléctrico en China y las tensiones arancelarias en EE. UU. han presionado los márgenes: la rentabilidad, históricamente muy alta, será este año baja, con previsión de recuperar niveles de doble dígito en dos ejercicios gracias a un ajuste del porfolio, inversiones selectivas y la extensión de híbridos y combustión donde aporte valor.
La ventaja, insistió, está en las personas. Con un equipo compacto y polivalente, Porsche Ibérica registra una satisfacción interna muy elevada. De cara a 2040, Villén resumió el objetivo en “hacer más con menos”, apoyándose en herramientas de inteligencia artificial. Y mirando al futuro del coche autónomo, afirmó que la tecnología está avanzada, pero falta seguridad jurídica. En cuanto al hidrógeno, lo ve poco probable como vía principal en Europa por costes e infraestructura. Su conclusión fue nítida: liderar, no seguir; invertir donde haga falta, escuchar al cliente y construir lo que el entorno aún no ofrece, sin renunciar al alma Porsche.
















































