La inteligencia artificial está transformando la forma en que trabajamos, pero también está aumentando la carga cognitiva de las personas: el 37% de quienes la utilizan experimenta estrés o agotamiento, y la capacidad de atención media ha caído de 2,5 minutos en 2004 a 47 segundos en la actualidad. En este contexto, Steelcase publica la edición de verano de su revista Work Better, titulada Un nuevo marco mental, en la que propone repensar el diseño del espacio de trabajo como palanca para proteger y potenciar la salud cerebral de los empleados.
El número parte de un dato revelador de la investigación global de Steelcase con casi 5.500 empleados: la principal razón por la que las personas acuden a la oficina no es para rendir mejor ni para aprender, sino por obligación. Solo el 17% está satisfecho con los espacios de bienestar disponibles, pese a que el 46% lo considera su prioridad de mejora número uno. La satisfacción con la oficina aumenta un 26% cuando las personas tienen acceso a espacios de bienestar, y se duplica cuando disponen de espacios individuales cerrados. El 58% afirma no poder obtener privacidad cuando la necesita, y el 40% no está satisfecho con los espacios para concentrarse.
La revista introduce el concepto de ergonomía cognitiva como marco de referencia para el diseño de oficinas: crear entornos que ayuden al cerebro a gestionar la atención, reducir la carga mental y recuperarse. Una investigación de Steelcase en colaboración con el Center for Healthy Minds de la Universidad de Wisconsin-Madison demuestra que la privacidad visual mejora significativamente el rendimiento en tareas de concentración sostenida, incluso cuando el nivel de ruido es idéntico al de un espacio completamente abierto. El cerebro consume una cantidad considerable de energía filtrando estímulos visuales —personas pasando, movimientos cercanos—, lo que reduce la capacidad disponible para el pensamiento profundo.
Frente a este diagnóstico, el informe propone tres tipos de espacios adaptados a los nuevos comportamientos generados por el uso de la IA: espacios de concentración que combinen privacidad y tecnología integrada para el trabajo individual con agentes de IA; salas de proyecto flexibles organizadas en microzonas para la colaboración informativa, evaluativa y generativa; y espacios sociales que contrarresten el impacto del tiempo de pantalla y refuercen la conexión humana. La investigación muestra que los empleados con acceso a tres o más tipos de espacios registran un 14% más de compromiso, un 8% más de productividad, un 13% más de bienestar y un 3% menos de agotamiento.
El número incluye también casos de transformación real, entre ellos el Coffee de la sede global de PUMA en Herzogenaurach, diseñado junto a Steelcase como espacio compartido entre empleados, clientes y visitantes; el Kirk Gibson Center for Parkinson’s Wellness en Michigan, donde el diseño inclusivo surgió directamente de talleres con personas que conviven con la enfermedad; y la Sherborne School Jeddah en Arabia Saudí, primera institución de educación británica en Jeddah, cuyo diseño pedagógico integra los principios de aprendizaje activo y espacios compartidos a lo largo de todo el campus.
El número concluye con una reflexión sobre el nuevo reto del liderazgo: pasar de medir el rendimiento por presencia física a medirlo por capacidad cognitiva. En la economía del cerebro, la ventaja competitiva no es el espacio físico, sino la capacidad colectiva de pensar en profundidad y resolver problemas complejos. El espacio de trabajo, en este nuevo marco mental, deja de ser un contenedor de personas para convertirse en un entorno diseñado para ayudar a las personas a pensar mejor.
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