Reducir el absentismo laboral relacionado con problemas de salud es posible

La incapacidad temporal supone un problema de gran relevancia, en primer lugar, para las personas en dicha situación por los problemas de salud asociados a ellas y, en segundo lugar, para las organizaciones por el impacto económico que generan. En España, en el año 2020, la prevalencia de la incapacidad temporal (IT) por contingencias comunes (exceptuando a los autónomos) fue de 38,29 de cada mil trabajadores. Se iniciaron un total de 1.420.548 procesos de IT en este tiempo.

El impacto de la pandemia ocasionada por la Covid-19 sobre la salud de los trabajadores ha sido una de las principales causas. De hecho, según datos del Gobierno, se tramitaron 3,7 millones de bajas Covid en un año y el tiempo medio de baja de estas personas es de 19,43 días en el caso de contagio y 12,61 días en el caso de aislamiento. Tradicionalmente, las lumbalgias y los trastornos de ansiedad adaptativos son las primeras causas de bajas prolongadas en España.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud, algunos riesgos relacionados con la actividad laboral como traumatismos, ruidos, agentes carcinogénicos, partículas transportadas por el aire y riesgos ergonómicos ocasionan una parte considerable de la carga de morbilidad derivada de enfermedades crónicas en el mundo.

Pero, ¿qué medidas deberían llevar a cabo los directivos y compañías para reducir estas cifras? Es importante que las empresas y sus departamentos de recursos humanos, además de manejar los datos de las incapacidades temporales que se producen dentro de la compañía, tengan en cuenta aspectos como la edad, el sexo, la situación familiar y obligatorio que se valoren los riesgos asociados al puesto de trabajo que ocupa cada uno de ellos.

 

Menos absentismo asociado a problemas de salud

Desarrollar programas específicos de prevención y recuperación dentro de las empresas que se adapten a las características de los empleados es un factor que puede disminuir el absentismo asociado a patologías, por ejemplo, los asociados a trastornos musculoesqueléticos.

Esta prevención puede ser de tres tipos: la prevención primaria, cuyo objetivo es que el problema no aparezca; la prevención secundaria, que intenta que la incapacidad no se prolongue en el tiempo y la persona pueda volver a su puesto de trabajo lo antes posible; y la prevención terciaria, que trata de que la incorporación de la persona que estuvo de baja por IT dure en el tiempo y que no se repita el problema que ocasionó esta baja.

Algunos ejemplos de cada uno de estos modelos de prevención que deben tenerse en cuenta por parte de las compañías:

Prevención primaria. Vigilar la salud de los trabajadores ofreciendo revisiones periódicas, diagnóstico precoz de enfermedades, programas de promoción de la salud, promover la atención continuada al paciente crónico y, en el caso de los empleados mayores de 55 años, poner en marcha planes específicos. Además, según el artículo 22 de la Ley 31/1995, de 8 de noviembre, de prevención de Riesgos Laborales, existen casos en los que los empleados tienen que someterse de manera obligatoria a reconocimientos médicos, como en los casos en los que sean necesarios para evaluar los efectos de las condiciones de salud para los trabajadores o cuando su estado de salud pueda constituir un peligro para sí mismo o para el resto de empleados.

Prevención secundaria. Atención temprana de las patologías, aplicar los tratamientos de manera adecuada y a tiempo, tener muy en cuenta factores que puedan prolongar la baja laboral y ponerles remedio antes de que esto suceda, actuar de manera precoz en los casos de patologías que suelen acarrear bajas laborales largas y prestar mucha atención a los factores psicosociales de la persona y a la influencia que la enfermedad tiene en ellos.

Prevención terciaria. Controlar los factores de riesgo asociados al entorno laboral y al puesto de trabajo que desempeña la persona, mantener un entorno de trabajo saludable, prestar especial atención a los empleados de más de 55 años tras su vuelta al trabajo después de una IT, poner en marcha políticas de retorno al trabajo tras una incapacidad para todos los empleados, incluyendo la realización de los exámenes de salud por parte del servicio de Vigilancia de la Salud contratado por la empresa, facilitar la conciliación de la vida laboral y familiar y trabajar en la motivación de todos los trabajadores de la compañía.

Además, según varios estudios, la actividad física podría reducir el absentismo laboral de trabajadores por motivo de enfermedad, especialmente los que sean más sedentarios y tras valoración de aptitud médica para realizarlo.

Por otro lado, la Agencia Europea de la Seguridad y la Salud en el Trabajo considera que entre el 50 y el 60% de las ausencias al trabajo están causadas por estrés, que se relaciona con bajas por depresión o problemas musculoesqueléticos, entre otros. En este sentido, y teniendo en cuenta que los profesionales que se encuentran en buen estado de salud son más productivos, las empresas implantan cada vez más programas y beneficios para sus trabajadores que puedan favorecer una buena salud, por ejemplo, la posibilidad de trabajar desde casa, un horario flexible, chequeos médicos periódicos, cobertura sanitaria privada o programas para dejar de fumar.

Más información: blog de Adeslas Salud y Bienestar.

 

Referencias:

 

 

Información relacionada | Accede al informe La salud del directivo

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